Y el Ejército no habla?
16 de junio de 2007, 08:00
Felipe Bianchi LeitonSantiago, Chile
memoriaviva.com/Julio Oliva/Gentileza
Fotos de archivo del hombre más buscado por la Policía de Chile, el general (R) Raúl Iturriaga Neumann.
Resulta vergonzoso, y hasta patético, que un tipo condenado en Chile a cinco años de cárcel por secuestro y asesinato -y varios años más por asociación ilícita-, el mismo que está condenado en Italia a 18 años de cárcel por el atentado a Bernardo Leighton, represente de algún modo, por un minuto siquiera, al Ejército de Chile.
Raúl Iturriaga Neumann, el general en retiro que tiene a toda la policía chilena buscándolo tras arrancarse de la Justicia, el general en retiro que ha hecho caso omiso de sus obligaciones, el general en retiro que está escondido, oculto y agazapado quién sabe dónde es, por definición, un enemigo de las Fuerzas Armadas. Una mancha, una vergüenza. Motivo de bochorno y embarazo. O al menos debiera serlo.
Molesta, ofende la inteligencia, agrede a la ética y finalmente da pena que un miembro de la "familia militar" haya caído tan bajo, al punto de escapar de la Justicia como un monrrero, como un ladronzuelo más de la calle. Pero aún más grave resulta que otros miembros de esa familia, en vez de corregir como correspondía a la oveja descarriada, hayan hecho declaraciones públicas defendiendo su actitud, su deserción, su brutal falta de respeto con los valores históricos del Ejército chileno.
Ya sé lo que me va a decir: ¿para qué prestarle atención a un grupo de personas que sólo están unidas porque la justicia los declaró culpables de delitos tan cobardes y aberrantes como asesinatos y torturas? ¿Vale la pena perder el tiempo con tipos que, escondidos bajo su uniforme, deshonrando al uniforme, se dedicaron a matar por la espalda, a inventar enfrentamientos, a ocultar cuerpos y lanzarlos al mar atados a un riel para que nunca aparecieran?
¿Es necesario prestarle oídos a una organización de ex delincuentes, porque eso y no otra cosa es el "grupo de generales en retiro procesados por la justicia chilena"? ¿Se puede gastar tiempo y palabras en un grupo equiparable a una cooperativa de asaltantes de banco, una asociación de ex procesados por narcotráfico o una mutual de secuestradores?
Sí, fíjese. No sólo se puede sino que es absolutamente necesario. Urgente. Por mis hijos y por los suyos. Para que aprendan desde chiquititos que hay cosas que no se hacen. Hay que hablar una y mil veces para no quepan dudas de qué es lo correcto, lo digno y lo válido cuando se viste el uniforme del Ejército chileno.
Una y mil veces habrá que decir que los que asesinaron en nombre de su uniforme no son ex soldados, sino delincuentes. No se asesina por la espalda, no se ocultan los cadáveres, no se viola, no se miente ante la Justicia, no se escapa de la justicia ni siquiera durante una guerra contra el enemigo externo. Hasta en la guerra hay reglas claras. Inviolables.
Y como usted sabe es bastante debatible que en Chile, alguna vez, haya existido técnicamente algo parecido a una guerra. Los delincuentes -extremistas o militares- que cometieron en esos años fechorías inaceptables, horrorosas, son sólo eso: delincuentes. No son héroes, no son románticos, no son intelectuales, no son defensores de nada. Por ende, merecen que caiga sobre ellos todo el peso de la justicia. Sin prescripciones de ningún tipo, porque las leyes internacionales y locales no consideran la prescripción para los delitos de lesa humanidad.
Digo esto último, por si alguien, algún despistado que nunca falta,insiste en la ridícula tesis de que Iturriaga Neumann merece la prescripción al igual que otros tunantes de terno y corbata en estas épocas de la Concertación. Pues no, los delitos del ex general son mucho más graves y no prescriben nunca: si no leen los diarios, al menos lean las leyes. Lo que merece el ex general escapado y escondido más bien recuerda a esa canción con que comenzaba una vieja serie de TV llamada El marcado, que justamente se trataba de un militar deshonrado por haber delinquido. ¿Se acuerda? "El marcado, sufre su deshonor, a donde quiera que vaya..."
En fin... Sigo. Una y mil veces habrá que decir también que las armas y el poder que le presta la sociedad a sus soldados es sólo eso, un préstamo, con la explícita obligación de no deliberar en términos políticos, de respetar la democracia y a todas y cada uno de las instituciones democráticas que han jurado defender, como el gobierno, el congreso y los tribunales de justicia.
Esa es la razón de ser y la definición última del Ejército y, por extensión, de un soldado. En Chile y en cualquier parte. Por eso, no estaría demás que los líderes del actual Ejército chileno sacaran finalmente la voz y con total claridad -por respeto a su historia, a sus actuales miembros y a los que vendrán- condenaran enérgicamente la actitud de Iturriaga Neumann y la de cualquiera de sus filas que le preste ayuda o lo defienda física o verbalmente. Eso sería lo correcto. Lo mínimo esperable. Seguimos esperando.
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